LO QUE COMEMOS Y LO QUE SOMOS

 Parece que la gente no es conssciente de la cantidad de enfermedades que son transmitidas por los alimentos, porque sucede todo el tiempo. Lo bueno es que estas enfermedades son evitables. La próxima vez que un amigo tenga una "gripe" repentina - lo que la gente a veces se diagnostica como "gripe estomacal"- hazle unas cuantas

preguntas. ¿Fue la enfermedad de tu amigo una de esas "gripes de 24 horas" que aparecen con vómitos, diarrea y luego desaparecen? El diagnóstico no es tan simple, pero si la respuesta a estas preguntas es sí, tu amigo probablemente no tenía gripe. Él o ella estaba probablemente sufriendo de uno de los 76 millones de casos de enfermedades transmitidas por alimentos. En EE.UU el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades ha estimado ese número de casos anuales. Tu amigo no "cogió un bicho" sino que se comió uno. Y con toda probabilidad, ese bicho fue creado, criado y llegó a su plato en la carne de un animal.

Sabemos que las granjas industriales están contribuyendo al crecimiento de patógenos resistentes a los antibióticos, simplemente porque estas granjas consumen muchos antibióticos. En una típica granja industrial, las drogas son suministradas a los animales con cada comida. En el caso de las aves, es casi obligatorio. Los animales han sido criados en tales condiciones que la enfermedad es inevitable.

Las implicaciones para la creación de patógenos resistentes a drogas son bastante sencillos. Estudio tras estudio se ha demostrado que la resistencia a los antimicrobios sigue rápidamente a la introducción de nuevos medicamentos en las granjas industriales. Por ejemplo, en 1995, cuando la Administración de Alimentos y Drogas (Food and Drug Administration) aprobó las fluoroquinolonas - como Cipro - para el uso en pollos, el porcentaje de bacterias resistentes a esta nueva clase de antibióticos potentes aumentó de casi de cero a 18 % en 2002.

Un estudio más amplio en el New England Journal of Medicine mostro un aumento de ocho veces en la resistencia a los antimicrobios desde 1992 hasta 1997, vinculando este incremento a la utilización de antimicrobios en pollos de granja. Ya en la década de 1960, los científicos advirtieron contra el uso no terapéutico de los antibióticos en la alimentación de los animales de granja. Hoy en día, instituciones tan diversas como la Asociación Médica Americana, los Centros para el Control de Enfermedades, el Instituto de Medicina, una división de la Academia Nacional de Ciencias y la Organización Mundial de la Salud han vinculado el uso no terapéutico de antibióticos en las granjas industriales con el aumento de la resistencia a antimicrobios y pidieron su prohibición. Sin embargo, la industria de cría intensiva se ha opuesto de manera efectiva a tal prohibición en los Estados Unidos. Y, como era de esperar, la prohibición limitada en otros países es sólo una solución limitada. Hay una razón evidente para ello: la industria de cría intensiva, aliada con la industria farmacéutica, tiene más poder que los profesionales de la salud pública.

¿CUÁL ES LA FUENTE DEL INMENSO PODER DE LA INDUSTRIA?

La respuesta a esta pregunta es que nosotros se lo damos. Hemos elegido, sin saberlo, financiar esta industria en una escala masiva, comiendo productos de origen animal de las granjas industriales. Y lo hacemos a diario.

En una conferencia en el 2004, la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas), la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), pusieron enormes recursos para evaluar la información disponible sobre "enfermedades zoonóticas emergentes" o las transmitidas por los humanos a animales y animales a humanos. En ese momento, el H5N1 y el SARS encabezaban la lista de enfermedades zoonóticas emergentes temidas. Hoy en día, la gripe porcina H1N1 sería el agente patógeno enemigo No. 1.

Los científicos distinguen entre "los principales factores de riesgo" para las enfermedades zoonóticas y los simples "factores de riesgo de amplificación", que sólo afectan la velocidad a la cual se propaga la enfermedad. En una lista de los cuatro principales factores de riesgo, estaba "la creciente demanda de proteína animal," que es la demanda por carne, huevos y lácteos, que da lugar a "cambios en las prácticas agrícolas." Para el caso de las aves, criar animales genéticamente uniformes y propensas a enfermedades por hacinamiento, estrés, en un ambiente de heces infectadas y luz artificial, promueve el crecimiento y la mutación de los agentes patógenos. El "costo de una mayor eficiencia", concluye el informe, es incrementar el riesgo global de enfermedades. Nuestra opción es simple: el pollo barato o nuestra salud. Hoy, el vínculo de la pandemia generada en la granja industrial no puede ser más lúcido. El ancestro principaldel reciente brote de gripe porcina H1N1 se originó en una granja industrial de cerdos, en el estado más rico en fábricas de cerdos, Carolina del Norte, y luego se extendió rápidamente en toda América. Fue en estas granjas que los científicos vieron por primera vez los virus que combinan material genético de las aves, cerdos y virus humanos. Los científicos de universidades de Columbia y Princeton, han sido capaces de rastrear a seis de los ocho segmentos genéticos de los virus más temidos del mundo directamente en las granjas industriales de EE.UU. Quizás en el fondo de nuestra mente, ya comprendemos que algo terriblemente malo está pasando. Sabemos que no puede ser sano criar animales en tan grotescas condiciones antinaturales. Sabemos que si alguien se ofrece a mostrarnos una película  sobre cómo se produce nuestra carne, será una película de terror. Tal vez sabemos más de lo que nos importa admitir, manteniéndolo en los lugares oscuros de nuestra memoria. Cuando comemos carne, comemos carne torturada y enferma que nos enferma.

* Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las del autor.

 fuente: www.animanaturalis.org